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Octubre en el circo nocturno: Ten cuidado con lo que deseas
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Octubre en el circo nocturno: Ten cuidado con lo que deseas

-Internet ha perdido la cabeza -dijo Amber.

-Internet nunca la tuvo.

Durante su descanso, Amber buscó el nombre del circo. Encontró cientos de publicaciones recientes y casi ninguna fuente oficial. Había fotografías de carteles en Salem, vídeos de personas hablando sobre ellos y teorías cada vez más absurdas. Pero al buscar fechas anteriores, los resultados se volvían extraños. Una página mencionaba un Circo Nocturno en Vermont en 1998, aunque el enlace original ya no funcionaba. Un foro antiguo contenía una pregunta sobre un espectáculo con el mismo nombre en Maine. El mensaje tenía diecisiete años y nadie había respondido.

Amber siguió buscando. Encontró una fotografía borrosa de una entrada antigua. El papel era negro y llevaba la misma pequeña llave que había visto en el cartel. La imagen no tenía fecha. Cuando intentó abrir la página de origen, apareció un mensaje de error.

-Perfecto -murmuró.

-¿Qué has encontrado? -preguntó Noah desde la barra.

-Nada. Y eso empieza a ser raro.

Noah se acercó y observó la pantalla. A diferencia de Chloe, no parecía preocupado. Más bien divertido.

-Entonces compra una entrada.

-Ni siquiera sé dónde.

-Si son buenos haciendo publicidad, te lo dirán cuando quieran tu dinero.

Amber volvió al trabajo, pero la curiosidad ya había ganado. Cada nuevo detalle hacía que el circo llamara más su atención. Era exactamente el tipo de misterio que habría buscado en una novela: algo que aparecía de la nada, dejaba pistas incompletas y obligaba al protagonista a decidir si quería seguirlas. La diferencia era que, por primera vez, aquello estaba ocurriendo en su propia ciudad.

A las nueve cerraron la cafetería. Cuando Amber salió, la lluvia había parado. El aire olía a piedra mojada y el centro seguía lleno de gente. Caminó hacia la parada del autobús y entonces vio una pequeña cola delante de una tienda que llevaba meses vacía. En el escaparate no había productos ni luces. Solo una mesa cubierta con terciopelo negro y, detrás, una mujer vestida de rojo.

Sobre el cristal había aparecido un nuevo cartel: ENTRADAS PARA EL CIRCO NOCTURNO. SOLO ESTA NOCHE. Amber se detuvo tan rápido que una persona detrás de ella casi chocó con su espalda. Durante unos segundos simplemente contempló la fila. Tal vez treinta personas esperaban delante de la puerta. Algunas hablaban emocionadas; otras miraban sus teléfonos. Nadie parecía saber por qué las entradas se vendían allí.

Sacó el móvil y llamó a Chloe.

-Antes de que digas nada, no -respondió su amiga.

-Ni siquiera sabes por qué llamo.

-Circo.

-Están vendiendo entradas.

-Amber.

-Solo por tres noches.

-Eso no mejora la situación.

Amber miró la cola. Una pareja salió de la tienda sosteniendo dos pequeños sobres negros. Sonreían como si acabaran de conseguir algo difícil de encontrar.

-Voy a comprar dos.

-No.

-Una es para ti.

-Eso hace que mi no sea todavía más fuerte.

Amber se colocó al final de la fila. Chloe siguió protestando durante casi un minuto, pero terminó aceptando bajo la condición de que no entraran en ninguna carpa abandonada, no hablaran con payasos y no bebieran nada que les ofreciera un desconocido. Amber prometió las dos primeras cosas. Sobre la tercera dijo que dependería de la bebida.

La cola avanzaba despacio. Mientras esperaba, Amber observó el escaparate. La mujer de rojo entregaba los sobres uno por uno y cobraba únicamente en efectivo. Nadie salía con más de dos. Cuando quedaban seis personas delante de Amber, un hombre anunció que las entradas para la primera noche se habían agotado. Hubo quejas. Para la segunda noche quedaban pocas.

Amber sintió una urgencia absurda. Hasta hacía unas horas ni siquiera sabía dónde comprar un billete y ahora le preocupaba quedarse sin él. Se dijo que era simplemente una buena estrategia de marketing: pocas funciones, pocas entradas, mucho misterio. Funcionaba porque hacía que la gente quisiera algo antes de tener tiempo para preguntarse si realmente lo quería.

Cuando llegó su turno, la mujer de rojo levantó la vista. Tendría unos cuarenta años, quizá más; era difícil saberlo. Su maquillaje era impecable y llevaba unos guantes negros muy finos.

-Dos para el dieciocho -dijo Amber.

La mujer no preguntó su nombre. Tampoco sonrió. Sacó dos entradas de una caja de madera y las colocó sobre la mesa.

-Cuarenta dólares.

Amber pagó. Al coger las entradas, notó que el papel estaba frío. No fresco por el aire de octubre, sino frío como una moneda que hubiera pasado horas en un congelador. En el centro aparecía la misma llave negra. Debajo de la fecha había una dirección que Amber conocía: un terreno grande a las afueras de Salem que llevaba años vacío.

-¿A qué hora empieza?

-Cuando se ponga el sol.

-Sí, pero ¿a qué hora exactamente?

Por primera vez, la mujer sonrió.

-Lo sabrás.

Amber esperó una explicación. No llegó. La persona que estaba detrás de ella avanzó y Amber tuvo que apartarse. Guardó las entradas en el bolso y salió de la tienda. Al otro lado de la calle, las luces de un escaparate se reflejaban sobre el pavimento mojado. El autobús que debía tomar acababa de irse.

Debería haber estado molesta. Tendría que esperar veinte minutos al siguiente. En cambio, sintió una emoción infantil que no recordaba haber sentido en mucho tiempo. Tenía dos entradas para un espectáculo del que nadie parecía saber nada. Era una decisión pequeña, incluso ridícula, pero por primera vez en meses había hecho algo simplemente porque tenía curiosidad.

Entonces tuvo un presentimiento. No fue miedo exactamente. Fue la sensación de haber dado un paso que parecía insignificante y que, de alguna manera, no podría deshacer. Sacó una de las entradas para verla otra vez. En el reverso había una frase que juraría que no estaba allí dentro de la tienda. NO LLEGUES TARDE.

Amber pasó el pulgar sobre las letras. La tinta no se movió. Se dijo que no había mirado bien antes, que la frase siempre había estado allí. Era la explicación lógica. Guardó el billete. Al levantar la cabeza, vio a alguien al otro lado de la calle. Un hombre alto vestido de negro permanecía bajo una farola. No llevaba paraguas. No hacía nada. Solo parecía mirar en su dirección.

Amber sintió un escalofrío. Un grupo de turistas pasó frente a ella, hablando y riendo. Cuando volvieron a dejar libre la vista, la farola estaba sola. Esta vez no se rio. El autobús llegó unos minutos después. Amber se sentó junto a la ventana y escribió a Chloe que había conseguido las entradas. Su amiga respondió con una serie de mensajes sobre malas decisiones, documentales de crímenes y la importancia de compartir la ubicación del teléfono.

Amber guardó el móvil y apoyó la frente contra el cristal frío. Salem se deslizaba al otro lado de la ventana: casas conocidas, calles conocidas, tiendas conocidas. En su bolso, las dos entradas parecían pesar más de lo que deberían. Solo por tres noches, pensó. Dos días después comprendería que tres noches podían ser más que suficientes para cambiar una vida.

Ejercicios de vocabulario

1. Completa las frases

1. El Circo Nocturno empezó a ______ la atención de toda la ciudad.

2. Amber quiere ______ quién está detrás del espectáculo.

3. En Salem empieza a ______ un rumor sobre un circo antiguo.

4. Chloe dice que todo aquello le ______ mala espina.

5. Amber tiene miedo de ______ sin entradas.

6. Algunas entradas para la primera noche ya se han ______.

7. Amber siente mucha ______ por el misterioso espectáculo.

8. Antes de subir al autobús, Amber tiene un extraño ______.

2. Elige la opción correcta

1. Si algo aparece de la nada:

a) llega sin explicación aparente b) se rompe c) cuesta mucho

2. Si no te fías de alguien:

a) lo admiras b) no confías en esa persona c) no lo conoces

3. Si algo merece la pena:

a) vale el esfuerzo o el tiempo b) es peligroso c) es gratuito

4. Hacer cola significa:

a) esperar tu turno en una fila b) comprar por internet c) llegar tarde

5. Si las entradas se agotan:

a) bajan de precio b) ya no quedan c) cambian de fecha

3. Relaciona

1. el cartel 2. averiguar 3. tener curiosidad 4. dar mala espina 5. quedarse sin 6. la entrada

a. querer saber más b. descubrir información c. billete para acceder a un espectáculo d. perder la posibilidad de tener algo porque ya no queda e. anuncio impreso f. producir desconfianza o una sensación negativa

4. Completa con tus propias ideas

1. Algo que me llama mucho la atención es...

2. No me fío de una persona cuando...

3. Una vez me quedé sin...

4. Creo que merece la pena...

5. Tendría curiosidad por averiguar...

6. Algo que me da mala espina es...

Respuestas

Ejercicio 1: 1. llamar 2. averiguar 3. correr 4. da 5. quedarse 6. agotado 7. curiosidad 8. presentimiento

Ejercicio 2: 1-a, 2-b, 3-a, 4-a, 5-b

Ejercicio 3: 1-e, 2-b, 3-a, 4-f, 5-d, 6-c

Ejercicio 4: Respuestas personales.

Capítulo 3. Mi amiga decidió quedarse en casa


El viernes 18 de octubre llegó con un cielo gris y un viento que parecía haber pasado toda la noche buscando hojas secas para lanzarlas contra las ventanas. Desde primera hora, Amber llevaba las dos entradas del Circo Nocturno en el bolsillo interior de su mochila. Las había comprobado antes de salir de casa, otra vez en el autobús y una tercera durante una clase en la que debería haber estado tomando apuntes. El papel seguía extrañamente frío. En el reverso, las palabras NO LLEGUES TARDE parecían más oscuras que dos días antes, aunque Amber decidió que probablemente era efecto de la luz.

Había quedado con Chloe a las seis y media. El plan era sencillo: Chloe pasaría por su casa, comerían algo rápido y pedirían un coche hasta el terreno donde se había instalado el circo. Amber había prometido compartir su ubicación con Noah, no aceptar bebidas de desconocidos y, por petición específica de Chloe, no separarse de ella aunque apareciera un hombre misterioso con una mandíbula perfecta. Habían hecho aquella lista riéndose. Ahora, mientras el día avanzaba, Amber estaba más nerviosa de lo que quería reconocer.

Después de la universidad volvió a casa y pasó demasiado tiempo delante del armario. Normalmente no le importaba demasiado qué ponerse, pero el Circo Nocturno parecía exigir algo distinto de unos vaqueros y una sudadera. Terminó eligiendo un vestido negro sencillo, medias oscuras, botas y una chaqueta de cuero que casi nunca utilizaba. Se soltó el pelo y se observó en el espejo. Por un instante tuvo la absurda impresión de estar disfrazada de una versión más interesante de sí misma.

-Vas a un circo, no a casarte -dijo Ethan desde la puerta.

Su hermano estaba apoyado contra el marco con una bolsa de patatas entre las manos. A los quince años había desarrollado el talento de aparecer exactamente cuando nadie quería su opinión.

-Gracias por tu apoyo.

-De nada. Si te secuestran, ¿puedo quedarme con tu habitación?

-No.

-Entonces intenta volver.

Amber le lanzó un cojín. Ethan lo esquivó y desapareció por el pasillo riéndose. Desde abajo, su madre preguntó a qué hora pensaba regresar. Amber respondió que no muy tarde. No sabía cuánto duraba el espectáculo, ni a qué hora empezaba exactamente, ni por qué aquella respuesta le pareció de pronto una pequeña mentira. A las cinco y cincuenta y tres, mientras intentaba decidir si el pintalabios rojo era demasiado, el teléfono vibró sobre la cama. Era Chloe. Amber sonrió al ver su nombre, pero la sonrisa desapareció cuando leyó el mensaje: «Llámame». No era el tipo de mensaje que enviaba alguien que estaba a punto de salir de casa.

-No me mates -dijo Chloe nada más contestar.

-¿Qué has hecho?

-Nada. Ese es el problema. No puedo ir.

Amber dejó el pintalabios sobre el escritorio. Chloe se encontraba mal desde el mediodía. Tenía dolor de cabeza, escalofríos y una temperatura que su madre había comprobado dos veces. Había esperado hasta el último momento porque pensaba que se le pasaría. No se le había pasado.

-¿Estás segura?

-Amber, tengo treinta y ocho y medio.

-Vale. No vengas.

-Gracias por darme permiso para no morir en un circo.

Amber sonrió, pero observó las dos entradas sobre la cama. Una parte de ella sintió una decepción infantil y desproporcionada. Habían hablado del circo durante dos días, habían leído rumores y habían construido una lista de reglas ridículas. Ir por su cuenta nunca había formado parte del plan.

-Entonces no voy -dijo Amber.

-¿Qué?

-Lo dejamos. No pasa nada.

Hubo un silencio. Chloe conocía demasiado bien el tono que Amber utilizaba cuando fingía que algo no le importaba.

-Tú quieres ir.

-Quería ir contigo.

-No es lo mismo.

-Es un circo raro a las afueras de la ciudad. Ir sola sería una estupidez.

-Sí.

-Gracias.

-Pero vas a hacerlo de todas formas, ¿verdad?

Amber no respondió. Fuera de la ventana, el viento empujó una rama contra el cristal. Sobre la cama, las dos entradas negras parecían esperar una decisión. Durante los siguientes minutos Chloe intentó convencerla de que quedarse en casa no significaba perder una oportunidad única. Habría otros conciertos, otras fiestas y otros planes. Pero ninguna de aquellas alternativas resolvía la pequeña rabia que Amber sentía al imaginarse pasando la noche en su habitación, leyendo sobre personas que sí se atrevían a entrar en lugares extraños.

-Si vas, me escribes cuando llegues.

-Chloe...

-Y cuando entres. Y cuando salgas.

-Sí, mamá.

-Y compartes ubicación.

-Ya lo prometí.

-Cumple la promesa.

Cuando terminó la llamada, Amber se quedó sentada en el borde de la cama. Todavía podía cancelar los planes. De hecho, era la opción razonable. No conocía a nadie allí, el lugar estaba lejos del centro y todo lo relacionado con el espectáculo parecía diseñado para producir desconfianza. Cogió una de las entradas y la giró entre los dedos. La fecha. La llave negra. La dirección. Solo por tres noches.

Guardó una entrada en el bolso y dejó la otra sobre el escritorio. Después bajó las escaleras. Su madre estaba en la cocina cortando verduras para la cena. Al verla vestida para salir, levantó la vista.

-¿Chloe no viene?

-Está enferma.

-Entonces, ¿tú tampoco vas?

Amber ya tenía la mano sobre el pomo de la puerta. Dudó. Era una pregunta normal, pero por alguna razón la hizo sentirse otra vez como una niña que necesitaba permiso.

-Voy por mi cuenta.

Su madre frunció ligeramente el ceño. Amber explicó dónde estaría, enseñó la dirección y prometió llamar si algo le parecía raro. No mencionó al hombre de negro ni la frase que había aparecido detrás de la entrada. Aquellos detalles habrían convertido una conversación incómoda en una prohibición inmediata.

-Ten cuidado.

-Lo tendré.

Al salir, el aire frío le golpeó las piernas. El cielo empezaba a oscurecer y las luces de las casas se encendían una tras otra. Amber pidió un coche desde el teléfono. Mientras esperaba junto a la acera, estuvo a punto de cambiar de opinión dos veces. La primera, cuando vio que el trayecto duraría casi media hora. La segunda, cuando el conductor preguntó por qué tanta gente iba aquella noche a un terreno donde normalmente no había nada.

El coche dejó atrás el centro de Salem. Las tiendas iluminadas, los grupos de turistas y las calles decoradas fueron desapareciendo poco a poco. El paisaje se volvió más oscuro. Había casas separadas por grandes jardines, carreteras estrechas y árboles que formaban paredes negras a ambos lados. Amber observó la pequeña flecha de su ubicación avanzar por el mapa. El teléfono tenía buena cobertura. Aquello la tranquilizó más de lo que esperaba.

-¿Va al circo? -preguntó el conductor.

-Sí.

-Llevo gente allí toda la tarde.

-¿Y ha traído a alguien de vuelta?

El hombre tardó un segundo en contestar. Amber se arrepintió inmediatamente de haber hecho la pregunta.

-Todavía no.

El conductor se rio después de decirlo, como si acabara de darse cuenta de lo inquietante que sonaba. Amber también sonrió, aunque miró la hora. Eran las seis y cuarenta y ocho. El sol ya casi había desaparecido. Unos minutos más tarde apareció una fila de coches detenidos junto a la carretera. Había personas caminando en la misma dirección, algunas con ropa elegante, otras con abrigos gruesos y botas. Amber esperaba ver focos o escuchar música antes de llegar. No ocurrió. El bosque permanecía oscuro y silencioso.

El conductor la dejó junto a una entrada de grava. Amber salió y el coche se alejó casi inmediatamente. Durante un instante se sintió fuera de lugar. Todos parecían haber llegado acompañados: parejas, familias, grupos de amigos. Ella era la única persona quieta junto a la carretera, con un bolso pequeño y una entrada fría entre los dedos. Podía pedir otro coche. Podía dar media vuelta, llevarle sopa a Chloe y reírse de todo aquello al día siguiente.

A lo lejos, entre los árboles, apareció una luz. Luego otra. Y otra. No eran focos eléctricos. Parecían pequeñas llamas. Amber guardó el teléfono en el bolso y siguió el camino de grava. Las conversaciones de las otras personas se mezclaban con el sonido de las hojas bajo sus zapatos. A cada lado del sendero había faroles de cristal con velas reales. El aire olía a tierra húmeda, madera quemada y algo dulce que no consiguió identificar.

Después de unos minutos, el bosque se abrió. Amber dejó de caminar. El terreno que llevaba años vacío ya no estaba vacío. Una enorme carpa negra se levantaba en el centro, rodeada por otras más pequeñas. Cientos de luces doradas colgaban entre postes y árboles. No había colores brillantes, globos ni música alegre. Todo era negro, dorado y rojo oscuro. Las personas avanzaban hacia una entrada formada por dos columnas de madera tallada. Sobre ellas, las palabras CIRCO NOCTURNO brillaban bajo una luna creciente.

Por primera vez desde que había comprado las entradas, Amber olvidó preguntarse si había cometido un error. El lugar era demasiado hermoso. Parecía imposible que hubiera sido construido en solo dos días. Parecía imposible que hubiera estado allí sin que toda la ciudad lo supiera. Sacó el teléfono para hacer una fotografía. La pantalla estaba negra. Pulsó el botón lateral. Nada. La batería estaba al setenta y tres por ciento diez minutos antes. Cerca de ella, otras personas empezaron a mirar sus propios teléfonos con la misma confusión. Las pantallas se apagaban una tras otra.

-Genial.

Amber recordó su promesa a Chloe. Escribir cuando llegara. Compartir ubicación. Avisar al salir. Se quedó quieta con el teléfono inútil en la mano. Aquello sí era una razón para marcharse. Una razón concreta, adulta y sensata. Una pareja pasó a su lado y entregó sus entradas. Detrás de las columnas, un hombre con abrigo largo las recibió sin decir una palabra. Más allá se veía un camino de luces, puestos pequeños y artistas vestidos con ropa oscura. Desde algún lugar llegó el sonido lento de un violín. Amber sintió un escalofrío que no tenía nada que ver con el frío.

Miró hacia atrás. El camino por el que había llegado desaparecía entre los árboles. Nadie la habría juzgado si se marchaba. Chloe probablemente se sentiría aliviada. Su madre ni siquiera sabía que los teléfonos dejaban de funcionar allí. Entonces recordó la noche junto a la ventana de su habitación y todas las veces que había dicho «algún día». Algún día viajaría. Algún día sería más valiente. Algún día dejaría de esperar a que otra persona hiciera primero las cosas que ella quería hacer.

Quizá aquello no merecía la pena. Quizá era una mala decisión. Pero por primera vez Amber comprendió que no quería que el miedo tomara la decisión por ella. Guardó el teléfono y siguió adelante. Cuando llegó a la entrada, el hombre del abrigo extendió una mano. Amber le entregó el billete. Él lo sostuvo frente a una vela y la pequeña llave impresa brilló durante un instante.

-¿Viene sola?

Amber estuvo a punto de explicar que su amiga estaba enferma, que originalmente tenía dos entradas y que no solía ir sola a lugares misteriosos en medio de un bosque. En lugar de eso, respiró hondo.

-Sí.

El hombre levantó la vista. Sus ojos eran tan oscuros que casi no se distinguían las pupilas.

-Entonces no se quede atrás.

Rasgó una esquina de la entrada y se la devolvió. Amber cruzó entre las columnas. El sonido del violín se hizo más claro. Una ráfaga de aire movió su pelo y, a su alrededor, las llamas de las velas temblaron al mismo tiempo. Delante de ella, el Circo Nocturno parecía abrirse como una ciudad que solo existía después de la puesta del sol.

Amber no podía saberlo todavía, pero aquella noche había tomado la primera decisión importante de su historia completamente sola. Tampoco podía saber que, en algún lugar detrás de las cortinas negras, alguien ya conocía su nombre.

Ejercicios de vocabulario

1. Completa las frases

1. Amber había ______ con Chloe a las seis y media.

2. Chloe se encuentra mal y tiene que ______ los planes.

3. Amber ______ antes de decidir si va sola.

4. Finalmente decide ir ______.

5. Amber promete ______ la promesa de escribir a Chloe.

6. Al llegar al terreno, se siente ______ de lugar.

7. Cuando el teléfono deja de funcionar, está a punto de ______ media vuelta.

8. A pesar del miedo, decide seguir ______.

2. Elige la opción correcta

1. Encontrarse mal significa:

a) sentirse enfermo/a b) perderse c) enfadarse

2. Cambiar de opinión significa:

a) mantener la decisión b) decidir pensar o actuar de otra manera c) olvidar algo

3. Ir por tu cuenta significa:

a) ir solo/a, sin depender de otra persona b) ir gratis c) llegar tarde

4. Estar a punto de hacer algo significa:

a) haberlo terminado b) estar muy cerca de hacerlo c) negarse a hacerlo

5. Quedarse atrás significa:

a) avanzar más rápido b) no seguir el ritmo de los demás c) cambiar de dirección

3. Relaciona

1. arrepentirse 2. dudar 3. dar media vuelta 4. atreverse 5. cumplir una promesa 6. cancelar los planes

a. hacer lo que prometiste b. sentir inseguridad antes de decidir c. decidir no hacer algo planeado d. lamentar una decisión e. girarse para regresar f. tener valor para hacer algo

4. Responde con tus propias ideas

1. ¿Te atreverías a ir solo/a a un espectáculo como el Circo Nocturno? ¿Por qué?

2. ¿Qué situación puede hacerte cambiar de opinión rápidamente?

3. ¿Alguna vez has cancelado planes en el último momento?

4. ¿En qué situaciones te sientes fuera de lugar?

5. ¿Qué promesa es importante cumplir siempre?

6. ¿Crees que Amber debería haber dado media vuelta cuando su teléfono dejó de funcionar?

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